21 junio 2020

Santos Vega

Empecemos con un personaje del palo del Martín Fierro, pero mucho menos conocido: Santos Vega.
Vega fue un payador bonaerense que vivió allá por el 1750, del cual no se sabe mucho. Hay una leyenda que gira en torno a él, denominándolo "el payador invencible", y que cuenta su derrota en 1824 frente a Juan Sin Ropa, en un duelo de payadas. 
Sobre él hay algunos versos escritos. El primero en plasmar sobre papel el mito oral del payador fue Mitre, quien escribió el poema "A Santos Vega, payador argentino". Sin embargo, el más conocido de estos poemas es el de Rafael Obligado, "Santos Vega", basado en la historia escrita en forma de folletín por Eduardo Gutiérrez, quien contaba la huida de Vega y de su amigo Carmona de la justicia. También Hilario Ascasubi escribió sobre él, publicando en París, "Santos Vega o los mellizos de la flor".

En cuanto al cine, hay varias películas del 1900, la última de ellas -"Santos Vega"- protagonizada por José Larralde en el 1971. No la vi todavía, pero linkeo el video de la última payada que, personalmente, me gusta mucho.
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Nuestro Folklore

Como en todas las culturas, en Argentina la música ocupa parte importante de la tradición. Etimológicamente, la palabra FOLKLORE (que designa el conjunto de expresiones culturales de un pueblo) está compuesta por los términos "folk"= pueblo y "lore"= saber.
En la jerga común de los argentinos, cuando hablamos del folklore a secas, nos referimos normalmente a la música -con sus respectivas coreografías- folklórica, tan rica en géneros y en variaciones según la región.
Cada género tiene su baile, y cada baile su historia, y es hermoso poder tocar y bailar distintos temas sabiendo el origen, y el por qué de cada paso y movimiento. 
Algunos se bailaban en la gran ciudad, principalmente Buenos Aires, y tienen similitud con los bailes de salón europeos, lo cual encuentra su explicación en el intercambio cultural que ocurrió durante 1.800 entre Argentina y los países del otro continente. Otros, en cambio, nacieron en el campo o en los fuertes fronterizos, estos últimos como celebración de las victorias obtenidas en los enfrentamientos con los indios. 


Manos del Norte



Manos curtidas por el peso de la tierra,

Morena la piel de trabajar al sol.

El paso del tiempo las fue encalleciendo, y eso que son jóvenes aún.

Dedos cortos pero fuertes, dorso raspado, cortado por el alambre en los fríos inviernos del norte, donde el calor del verano es compensado por heladas en julio.

Hábiles. Saben cazar, cocinar, moldear el cuero, darle vida a la madera. También saben saludar, y escribir, y hacer fuego. Aman el fuego.

Fernet no preparan, pero tal vez levantan el vaso para llevarlo a la boca de su dueño.

Son lindas en su rusticidad, aprenden rápido. También les gusta la guitarra.

Saben mucho, cargan años de historia en sus genes, conocen porque han tocado, saben porque les han enseñado.

Las cicatrices embellecen su figura, finas líneas blanquecinas que cruzan la piel en todas direcciones, pero no les impiden sentir.

Callosas, pero jóvenes aún esas manos morenas por el tiempo de sol.

Sobre la Patagonia

¿Cuánto conocemos sobre el sur de nuestro país? Esas provincias que están tan lejos de Buenos Aires, vastas y extensas. Mucha tierra, poca gente. Viento, ovejas y cabras, arbustos en lugar de árboles, porque mientras más chiquitos y ralos sean, más posibilidad tienen de sobrevivir. 
Bueno, eso es una parte de la Patagonia, porque también están los Andes con su región andina en Río Negro, Junín de los Andes en Neuquén y preciosos pueblos pesqueros en Chubut. En la Cordillera nieva, sus picos están blancos incluso en verano, y hay volcanes, Coníferas formando hermosos bosques, y lagos derivados de glaciares.
Hecha esta introducción, paso a hablar sobre los "relatos sureños" que le dan nombre a esta página del blog.
Yo tuve el placer y el honor de poder visitar una parte muy secreta de la historia del Sur argentino, en donde pareciera que el tiempo se detuvo y únicamente la presencia de alguna que otra camioneta estacionada bajo el árbol indica que ahí también llegó el siglo XXI. Hasta la hospitalidad de la gente recuerda a esa otra época en la que era costumbre recibir al viajero que llegaba desde Dios sabe dónde, medio perdido, medio insolado, agotado por el viento tan típico de los páramos del sur. Ofrecerle un mate con torta frita recién amasada y compartir la mesa aprovechando para conocer sobre la vida en las provincias "de allá del norte". Tuve la suerte de conocer sus palabras, entendiendo, no en todos los aspectos, sus vidas, su forma de pensar. Me empapé de sus costumbres, aprendí a amar en la simpleza de la vida, sin pensar tanto, con menos vueltas. 
No fui sola, tuve buena compañía, y eso hizo que fuera aún mejor. 
Este es un pequeño tributo a toda esa gente. Ojalá la vida nos vuelva a encontrar.



3. EL RAMO DE FLORES

  Un ramo de flores me dio la Mili. Muy amarillas, chiquitas, de pétalos alargados y delicados. Las sacó de un arbolito que crece al lado de...