Un ramo de flores me dio la Mili. Muy amarillas, chiquitas, de pétalos alargados y delicados. Las sacó de un arbolito que crece al lado de la cocina, a la izquierda de la puerta. Una por una las fue juntando, y después las ató con un moño azul, que de moño tenía poco. Era más bien una cinta de algodón, de esas que se usan para tejer alfombras y posavasos.
Muy bonito el ramo, con muchas flores. Se reía cuando me lo dio, entre tímida y pícara. Quienes la conocen saben muy bien de lo que hablo. Me sorprendió, porque era la primera vez que me regalaban flores. Se me hizo raro agarrar el ramito, y es que mis manos estaban sucias de haber jugado con los perros, y mis pies embarrados de caminar por la orilla del arroyo con las alpargatas rotas. Hacía calor y la trenza se me desarmaba; puedo decir sinceramente que pocas veces me alegré tanto de no tener un espejo para verme. Pero a pesar de mi pinta desgarbada, ella me regaló flores.
Me seguía por todos lados asegurándose de que no me lo olvidara, y se hacía difícil la cosa porque había que armar la carpa para pasar la noche, ayudar en la cocina y limpiar el galpón. Por ahí lo dejaba sobre una piedra, un ratito nomás, para dar una mano con algo, y enseguida aparecía la Mili con el ramillete en sus manos gorditas y me lo daba retándome mientras sonreía. Yo le decía que ahora que tenía el ramo me podía casar, que lo único que faltaba era el novio, y ella se reía y me decía que no, que no me podía casar porque era muy chica, y que además, ella no quería.
Tuve que dejarlo allá, al ramo. No me entraba en la mochila, sumado a que después de dos días, ya se había empezado a marchitar. Pero cada tanto me acuerdo de esas flores amarillas, chiquitas, demasiado delicadas, tal vez, para alguien que andaba con el facón al cinto.
Además del recuerdo, perdura una foto que sacó una modelo con dedos más elegantes que los míos, puede que hasta más acordes a los pétalos alargados.
La veo y me acuerdo de Mili, y pienso que quizás ella vio algo que a mi se me pasó por alto, y que es por eso que me dio las flores atadas con cinta azul.
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Foto sacada por Valentina Ripani
